Cándidos rayos de aurora,
aves que al pasar saludan
y flores que se desnudan,
cuando el rocío evapora.
El verde claro decora
la belleza de la palma.
Y las aguas que en la calma
del mar, esperan la tarde.
Abren sus ojos cobardes
para humedecerle el alma.
Filiberto Miño
N.Y.
N.Y.