Escribir ondulaciones de luna llena
como único recurso entre tanta muerte.
Inundar el abismo brusco del papel
con reverberaciones paridas por palabras.
Aprehender sílabas que huyan aterradas
hacia el crematorio prudente de renglones.
Sin importar la luz insondable y movediza
que crispa las manos y las teclas.
Tachar, suprimir, bifurcar expresiones,
disimular letras dentro de uno mismo.
Hasta comprobar que la pretensión está intacta.
Que no se aquieta ni sucumbe ante el discurso.
Y que sólo espera un estatuto de silencio,
para recuperar el fusil y la apariencia.
Filiberto Miño
New York