La canción protesta en Cuba

 Tomar la música por el lado de sus efectos sociales es igual que estudiar al hombre por su sombra. Aunque las canciones de contenido social producen en el público un curioso efecto sicológico. Sobre todo en los regímenes totalitarios; donde para vaciar la carga ideológica de sus letras, el gobierno las repite y las repite  — como controla la radio — hasta el cansancio.
   
Irónicamente en Cuba, a este tipo de música — revolucionaria — se le llamó  “canción protesta”. Una versión muy diferente a la que se desarrolla en la década de los '60 en distintos países: en Estados Unidos, con Bob Dylan, Joan Báez y Pete Seeger; en Chile con Violeta Parra y Víctor Jara; en Francia con Georges Brassens, entre otros. Estos intérpretes asumían riesgos frente a sus gobernantes.

   En la isla el “cantante protesta” debía renunciar, precisamente,  a la protesta. Y quien osara cruzar la línea del “bien” y el “mal” impuesta por el censor, podía pasar de “cantante protesta” a “cantante protestón”, y caía automáticamente en la misma categoría del contrarrevolucionario, el subversivo, el mercenario  o el agente de la CIA. Su fundador, el cantautor Silvio Rodríguez, logró un curul en la Asamblea Nacional cubana gracias a sus “protestas”.

El primero en unirse a Rodríguez es un bolerista (influenciado por el feeling) llamado Pablo Milanés; quien merodeaba los clubs nocturnos de La Habana (sin rumbo fijo) con una guitarra en la mano. Su canción Hồ Chí Minh, (todo un éxito en Cuba) le sirvió como carta de presentación ante los jerarcas  del partido.

“Al final del largo viaje, / Ho Chi Minh suave y despierto: / sobre el albura del traje / le arde el corazón abierto.”

   Cuentan que Milanés, al darse cuenta de  la ironía de llamar “canción protesta” a letras sin sombras de rebeldía, propuso sincerar el nombre. Y en un concierto dado por él y Rodríguez  en "Casa de la Américas" el 18 de febrero de 1968, se aprobó el seudónimo de "Movimiento de la Nueva Trova".

  Aunque esta segunda denominación también tenía cierta dosis de falsedad; porque hacía sospechar  que la Vieja trova, igualmente, alababa a los políticos de la época. Algo que, hasta donde sabemos, no es cierto. Tan solo hay que revisar las composiciones de sus principales figuras para comprobarlo: Rosendo Ruiz, Manuel Corona, Sindo Garay y Alberto Villalón.

   Pero en medio de aquella efervescencia musical (adulación) sucedió un hecho que despertó el avispero. Exactamente en el momento en que Castro fortalecía su memorable endiosamiento; apareciendo en portadas de revistas, periódicos, folletines, pancartas públicas, cortometrajes, y todo lo que incluyera difusión; excepto, las instrucciones de los electrodomésticos que venían del exterior y los tickets de autobús. 

   Resulta que Silvio Rodríguez sacó una canción al mercado con una letra de doble sentido que todos interpretaron como una dedicación atrevida y necesaria al comandante por su derroche de egolatría. En una parte decía:

Ojalá pase algo que te borre de pronto
Una luz cegadora un disparo de nieve
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte
Para no verte tanto para no verte siempre
En todos los segundos en todas las visiones.

   Ustedes podrán imaginarse los dimes y diretes que trajo aquella letra. La confusión llegó incluso hasta las altas esferas del gobierno y Rodríguez tuvo que salir a dar cien mil explicaciones para demostrar su fidelidad a la revolución y negar, que aquella canción, era una alusión al comandante en jefe.

   En su momento el cantautor  indicó que una camagüeyana, estudiante de medicina, había sido el vórtice de su inspiración. Tal vez no convenció a toda la nomenclatura  con aquella historia, pero él se ocupó después de limpiar el panorama componiendo alrededor de cinco canciones seguidas que ensalzaban a la revolución y a sus dirigentes.

 De todas formas la duda siempre quedó. Hoy todavía la gente se pregunta si el hombre “mató el tigre y le cogió miedo al cuero” o si en realidad la canción es dedicada a su primer amor.

   Varios de los miembros de esta llamada Nueva Trova han tenido problemas con Silvio Rodríguez por su militancia exagerada. El mismo Pablo Milanés ha sido un fuerte crítico público y privado. A veces con una terminología severa:

[…] hermano, —  le dice en un mensaje a un amigo —  esta es una más de las diatribas incontroladas de Silvio frente a mí, — dice refiriéndose a un ataque de Rodríguez contra su persona — llena de mentiras y tergiversaciones, como cuando me venía pidiendo perdón por todas ellas, desde hace más de veinte años, y yo no lo perdono. Es posible que una vez más llore, se arrepienta y pida el perdón que jamás le voy a conceder; más aún cuando ha tenido el impudor de hacer público su viejo rencor (no sé de qué categoría, que lo analicen los psicólogos) y que ha llegado a comprometer mi dignidad y mi militancia revolucionaria.

 Hay que reconocer que Milanés es el único del grupo que ha hablado sin tapujos sobre ciertos aspectos de la dictadura cubana. Incluso estuvo en Miami y no rechazó ninguna entrevista. Además ha compuesto un tema (¿mea culpa?) sobre la complicidad de ciertos artistas con el régimen:

Pobre del cantor que no se alce y siga hacia adelante con más canto y más vida.
Pobre del cantor que no halle el modo de tener bien seguro su proceder con todos.
Pobre del cantor que no se imponga con su canción de gloria, con embarres y lodos.
Pobre del cantor de nuestros días que no arriesgue su cuerda por no arriesgar su vida.

  Silvio Rodríguez, dolorosamente, nunca ha arriesgado sus prebendas (que no son pocas: casa de lujo, apartamento, viajes, disquera) con alguna crítica firme contra el gobierno como Milanés. Aunque en sus canciones se pueda encontrar  ciertos vestigios de inconformidad contra él mismo  por su apoyo irrestricto al gobierno:

Me he dado cuenta que miento. Siempre he mentido, siempre he mentido.
He escrito tanta cosa inútil sin describirme, sin dar conmigo.

O aquella frase: […] quiero que me perdonen los muertos de mi felicidad.

  Con el tiempo aumentaron los miembros de este proyecto musical (gubernamental), conscientes de que la tarea era solamente mencionar logros y no defectos de la revolución. Los que se atrevieron, no a cruzar la raya porque eso no lo hizo nadie, sino a rosarla con cierta sutileza en alguna melodía, fueron excluidos automáticamente de los medios cubanos. Y una vez marginados, se dedicaron a organizar recitales por su cuenta (cuasi clandestinos) con enfrentamientos periódicos con la Seguridad del Estado que le cerraba el paso al público asistente, atascaba con funcionarios la zona, y a veces hasta se llevaban a unos cuantos para la estación de policía más cercana.

 Los dos autores que más padecieron estos rigores fueron Pedro Luís Ferrer y Carlos Varela. Ambos, revolucionarios, izquierdistas, pero con cierto tinte de independencia que el régimen no toleraba. Los dos estuvieron por varios años  condenados al ostracismo.

   La escritora Wendy Guerra en su libro Todos se van,  escrito en forma de diario, señala el 26 de marzo de 1987:

“Este año a Carlos Valera lo sacaron a golpes del cine 23 y 12 sólo por cantar lo que compone. Hace un par de meses encerraron a unos poetas de Matanzas. En medio de un recital le quitaron  la luz a la casona y la golpiza fue tremenda”

  Valera se dio a conocer en el exterior, fundamentalmente, por un tema bastante controversial: Guillermo Tell. Por mucho tiempo fue reconocido por los jóvenes de Cuba  como un símbolo de rebeldía. Siempre vistió de negro y sus actuaciones  terminaban en fuertes discusiones con los funcionarios del gobierno y la policía. Amaury Pérez, también trovador, se atrevió hace poco a presentarlo en su programa de televisión como parte del deshielo que avanza en la isla en pro de los “renegados”. También se dice que Vinicio del Toro llevará su vida a la pantalla.

   Pedro Luís Ferrer cuando fue silenciado, creció en popularidad a pesar de que no se escuchaba en la radio. En sus conciertos era muy atrevido y decía cosas punzantes contra el régimen con su habitual doble sentido que a los asistentes les encantaba. Los que asistían a sus presentaciones cuentan que a veces paraba su guitarra en medio del escenario Y preguntaba:

— ¿Se cae o no se cae?

— Se cae —  Gritaba la gente. En clara referencia al gobierno.

   El progreso en Cuba de este género se debió en parte a la férrea censura que sufrieron los mejores cantantes del mundo dentro de la isla. Desde Julio Iglesias y Roberto Carlos hasta los Beatles y Roling Stone. Y ni hablar de los intérpretes cubanos que decidían  marcharse al extranjero.

   Ahora, después de varias décadas, el gobierno cubano ha decidido abolir la lista negra de músicos y cantantes que mantuvo cerrados en las emisoras de la isla. La lista que nunca fue oficialmente publicada, silenciaba a los que escaparon del país o hablaron en contra de la Revolución. Como es el caso de Celia Cruz, Gloria Estefan, La Lupe, Albita, Amaury Gutiérrez, Willy Chirino, Paquito D Rivera, Bebo Valdés,  Meme Solís, entre otros. Sin embargo, no ha existido un anuncio público por parte del gobierno en su aparente cambio de política en el mundo artístico.

  Varias generaciones de cantantes  han pasado por la llamada Nueva Trova. De todos, el que más lejos ha llegado ha sido Donato Poveda. Él  salió de Cuba con el éxito aferrado a sus hombros.

 Primero, con el gran impacto conseguido en el dúo Donato y Estéfano; en colaboración con Fabio Alfonso Salgado ("Estéfano"), nativo de Cali, Colombia. Se conocieron en Miami y de una vez, comenzaron a hacer música juntos. La popularidad del dúo fue increíble.

Posteriormente Donato se convirtió en uno de los compositores más solicitado por las grandes estrellas. Entre sus letras más famosas se encuentran:  "Usted Se Me Llevó La Vida"  difundida por Alexandre Pires, "Quisiera Ser", en la voz de Chayanne, "Agua Dulce, Agua Salá" por Julio Iglesias, y "Déjate Querer" popularizada por Gilberto Santa Rosa.

  También ha colaborado con Emmanuel, El Puma, Cristian Castro, Alejandro Fernández, Melina León, Milly Quezada, Sergio Dalma, Willy Chirino y Soledad Bravo, entre otros.  Además, este joven cubano ha dignificado a Cuba con su actitud en favor de la libertad en innumerables oportunidades.




Donato Y Estefano





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