DEMOCRACIA: FASE FINAL


“Su ideología era sencilla: 
el gobierno por encima de los negocios, 
el individuo por encima del gobierno, 
el medio ambiente por encima de todo lo demás”.
 John Grisham  (Escritor estadounidense con  
más de 250 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo)

La democracia está llegando a su fin y no es el criterio de una mirada personal, sino las señales de las inevitables transformaciones de la humanidad, derivadas del comportamiento social.

 La historia  nos enseña que todos los sistemas políticos deben cumplir un ciclo, y una vez finalizado, darle paso a otros. Así sucedió con los regulares, con los malos, con los peores y con los comunistas.

Claro que los expertos no previeron que la Democracia tuviera un final apresurado, ni visualizaron que la esencia moriría en sus propias entrañas. Pero los cambios sociales de la humanidad se aceleran o retardan, dependiendo del grado de decadencia que tengan sus instituciones; y en la Democracia,  las entidades se pudrieron.

Dos factores han incidido con mayor fuerza para que se acelere el derrumbe. La corrupción, en su sentido más amplio que no supone únicamente el enriquecimiento ilícito del político; y el flujo financiero de las grandes corporaciones que ya supera al de los estados y los coloca por encima de la ley.

De ahí que las multimillonarias campañas electorales  no difieran mucho de la publicidad comercial, donde se busca convencer al consumidor (votante) de las ventajas del producto (candidato) sin tener en cuenta las ideas, los proyectos, los propósitos sociales.

La corrupción como factor determinante en el desmoronamiento de la Democracia fluye de diferentes maneras. En Estados Unidos, por ejemplo, las instituciones han sido penetradas por los famosos lobby de las grandes corporaciones y han perdido su independencia. Aquí  la opinión de Microsoft o de la Ford tiene más peso que la de 20 senadores juntos. En parte sucede por la falta de implicación ciudadana que luego se traduce en abstención.

La revista Newsweek, en un interesante artículo explica que el 99,97 % de los norteamericanos no aportan contribución a los partidos políticos o lo hacen de manera discreta. El grueso de las aportaciones corresponde a sólo 340 ciudadanos de los más de 300 millones de habitantes. Y pone como ejemplo que en la campaña de Bush 700 personas aportaron más de 190 millones.

Y ni hablar de la degradación del medio ambiente, la destrucción de las cosas indispensables para la supervivencia de las futuras generaciones y  el costo real de la naturaleza. 

La Democracia ha empezado a desaparecer. Lo hará paulatinamente y no de sopetón como la caída del Muro de Berlín. Primero  las más  “débiles”. Luego  las llamadas “fuertes”. Hasta que se cierre el círculo.

Posiblenete   Paul Warburg Financier, miembro del Council on Foreign Relations (CFR) tenga razón:

“Tendremos un gobierno mundial, aunque esto guste o no. La única cuestión será saber si éste será constituido por conquista o por consentimiento”.