El poeta ignorado


“Las serpientes eran tan venenosas, que su mirada mataba.  De ahí que el héroe Iskander pudiera gastarles la broma terrible  de echar espejos en el Valle para que las culebras se miraran   en ellos y se ocasionaran la muerte”. Simbad el marino..
  
Cuando decidí abrir este blog, por curiosidad, (aunque no soy dado a las predicciones) estuve de visita en casa de una astróloga aficionada y le hablé del nuevo reto. Ella me pidió la fecha de nacimiento; sacó un compás, un manojo de mapas, calculó, miró por  aquí, por allá,  y al cabo de varios minutos me dijo:

— La posición de Saturno te favorece. Tus poemas están destinados al éxito. Te felicito poeta.

 No lo voy a negar; aquellas palabras me hicieron sentir el hombre más feliz del mundo. ¡Al fin iba a ser reconocido como poeta!

 Imaginé a las familias disfrutando mis versos después de la cena. Leyendo en voz  alta, por ejemplo, La hora probablelas gentes frotándose las manos, halándose los pelos y comentando: ¡Qué belleza de poema! 

Pero desgraciadamente no ha ocurrido así. Todo ha sido una falacia. Y debo ser sincero: en estos momentos mis poemas no los lee nadie. Viven acomodados en el olvido. Aunque entiendo que normalmente sucede: resulta diferente la intención del logro. 

  La gente sólo visita este blog en busca de chismes, (lo que ayer fue chismorreo  hoy le decimos historia),  pero no se detiene ante la poesía. Es como si el poeta no existiera.

Y pensar que me ilusioné tanto con ciertos premiecillos,  con ciertos elogios. Sin embargo, hoy me acorrala el desánimo, tengo el pundonor herido.  

  Admito que el Blog ha crecido con los años, pero en otra dirección. Incluso por encima de mis expectativas. O al menos, las expectativas que tuve al principio. No obstante, no cumple su función.  El propósito fundamental o, mi sueño,  era dar a conocer mis poemas. Si acaso, complementarlo con  alguna historia interesante, una opinión o  algo de Jazz.

  Incluso la gente ni lee las mejores historias que he escrito y en las cuales invertí un tiempo precioso (bibliografías, estadísticas) y sólo ojea lo que hice de un tirón sin esfuerzo. ¡Qué decepción!

  Por ejemplo,  La mafia actual en New York  recibe miles y miles de visitas. A veces hasta repiten la lectura. Mientras que algunos poemas, no han tenido siquiera un repaso. No es justo.

Yo me pregunto: ¿Será que Google está manipulando a la gente? Muchas veces lo he llegado a pensar. Porque la poesía nunca debe pasar inadvertida.

  Debo aceptar que así como no es fácil inflar a un perro (esto es una frase cervantina, no una vulgaridad mía) tampoco es fácil motivar a la gente a leer poemas. Uno los exhibe y da por descontado que lo leerán, pero no ocurre. Igual que en ciertas novelas francesas donde uno supone que el crimen está resuelto, pero que por alguna razón no es posible meter al asesino en la cárcel.

   La ansiedad por la poesía me acompaña desde niño. Recuerdo que en mi pueblo había una tienda que tenía en su decoración un plumín; esos que imitan la función de la pluma y es usado para entintar superficies, escribir o dibujar. Estaba elegantemente situado encima de una vitrina. Era de plata, con muchos pliegues y brillaba como el Faro de Alejandría.

  Y los domingos, cuando la familia salía a mirar vidriera, (un ritual obligatorio) yo les pedía a mis padres que empezáramos por el plumín. Porque yo, en mi ingenuidad, secretamente, cuando estaba allí, tenía la convicción que con él podía escribirse el mejor poema del mundo. Ya en ese tiempo yo me sabía los versos sencillos de Martí y una dedicación a su madre que decía:

Mírame, madre y por tu amor no llores,
Si esclavo de mi edad y mis doctrinas,
Tu mártir corazón llené de espinas,
Piensa que nacen entre espinas flores.

 Cuando tenía once años un enamorado de mi hermana le regaló el día de su cumpleaños un perfume, una flor y un librito de poemas de José Ángel Buesa. ¡Qué época tan romántica! Y yo, cuando ella no estaba, me lo bebía.  Me lo aprendí de memoria en menos de un mes. Así como lo oyen. En menos de un mes. Confieso que Buesa fue mi héroe por mucho tiempo, y por él, logré hacer un soneto sin tener aún conocimientos sobre el Arte Menor y Mayor.  

Mi corazón, un día, soñó un sueño sonoro,
en un fugaz anhelo de gloria y de poder;
Subió la escalinata de un palacio de oro
y quiso abrir las puertas... Pero no pudo ser. 

Después tropecé con Verlaine, Paz, Whitman, Dámaso Alonso y Emily Dickinson, y pensaba que había descubierto el universo.

Entre irse y quedarse duda el día,
enamorado de su transparencia.

La tarde circular es ya bahía:
en su quieto vaivén se mece el mundo.

Todo es visible y todo es elusivo,
todo está cerca y todo es intocable.
(O.P.)

  Muchas personas no tienen idea de lo que es un poeta. Lo que sufre un poeta. Y lo digo porque he vivido la angustia aunque sea un poeta olvidado. Mortecino. 

 Las gentes imaginan que el poeta  que es un tipo soñoliento, con lentes gruesos,  que se sienta en un parque solitario o en el tronco de un árbol caído, mirando volar las moscas y, que de repente, se le prende la musa y escribe un poema. Y no es así. Ni remotamente.

  Primero, el poeta necesita sortear obstáculos, esquivarlos, torearlo de alguna manera antes de comenzar a escribir. Sobre todo los que tienen que ver con su vida personal.  Está obligado a ser escurridizo.

  Luego crea y lee lo que acaba de escribir. Relee, bifurca, tacha, elimina, vuelve a escribir, hasta que sus versos adquieren unidad de tono, ritmo e imágenes suficientes. Buscando siempre la palabra no dicha y acaso indecible. Teniendo en cuenta que a la mitad del poema casi siempre lo sobrecoge un gran desamparo.

  En la mayoría de los casos no resulta agradable la tarea pues uno se ve obligado a asomarse al abismo que escondemos dentro, aunque no lo mencione. Incluso, debe salir hacia adentro en busca de la ocurrencia. El poeta sabe que aunque escribe a solas, algo o alguien participan en la actividad.

  Ahora, si después de tantos esfuerzos el poeta recibiese un reconocimiento, por muy humilde que sea, estaría de cierta manera compensado. Pero si abre un blog, como en el caso mío,  para mostrar la obra, (primero debe aprenderse todos los enredos del HTLM, la plantilla, los códigos, los gadget, los cambios de Interfax, los gatuperios que van apareciendo y cuantas cosas se le ocurre a Blogger) y  luego descubre que nadie lo lee, resulta frustrante. Se desploma el ánimo como a traición.

  Además, y hay que decirlo; los poetas ya no gozan del prestigio de antes. Hoy cualquier “reguetonero” es más universal, más influyente y más importante que el mejor rimador.  Así de simple.

  Antes, el peso específico de un poeta era decisivo. Se demuestra hasta en la mitología. Yo recuerdo el gran debate por el nacimiento de Ulises. Había dos versiones. La primera de Homero, que decía que Ulises era descendiente de Hermes por la parte materna, mientras que por la paterna era nieto de Autólico. Por su parte los griegos trágicos aseguraban que el padre de Ulises era Sísifo. ¿Y qué pasó? Pues que todo el mundo tomó como referencia la versión homérica. La óptica del poeta.

 Los amigos que saben mi frustración a veces me miran con lástima. Lo noto. Y me siento tan inútil Si al menos pudiera desprenderme de esta telaraña y lograra escribir o leer  un verso con irritación, desgano, aburrimiento. Pero no. No lo logro.

 Sin embargo en la prosa soy diferente. Me da lo mismo que mis novelas se lean o no. Que mis artículos gusten o la gente los utilice en el baño. Ni siquiera intento mejorar mi pésima redacción. Total, si como dice Oscar Wilde para escribir sólo existen dos reglas: “tener algo que decir y decirlo”. En cambio la poesía… ¡AH! La poesía  es otra cosa. Ella exige vaciarse en cada verso, en cada palabra, en cada letra.

 Cualquiera pelea en Austerlitz lo difícil es hacerlo en Waterlow.