La internet del horror

Ortega y Gasset decía que, “sorprenderse, extrañarse, es empezar a aprender”. Yo acabo de comprobarlo al poner a prueba mi capacidad de asombro. La experiencia que voy a referir así lo demuestra. Pertenece a los horrores que puede ocultar la tecnología. Lo inimaginable.

Hace tiempo me picaba la curiosidad de navegar en lo que comúnmente se conoce como “internet profunda”. Sabía los riesgos. Las posibles consecuencias. No obstante, pensé que “bien blindado” no tendría problemas. Y me preparé como si partiera hacia un combate.

Mi experiencia en internet está fundamentada en páginas fijas. Aquellas que residen en un buscador y son básicamente archivos HTML. Sin embargo, en la “internet profunda” las páginas son dinámicas y creadas como resultado de una base de datos que sólo se proporcionan cuando alguien las solicita. Además, están protegidas por herméticas contraseñas. Es muy distinto. 

Antes de zambullirme tomé varias medidas elementales: cambio de identidad, dirección IP (etiqueta numérica que identifica al interfaz de un dispositivo dentro de la red), software adecuado, y lo más importante: tapé con cinta la Webcam. 

Iba consciente de que no podía descargar nada. No se debe dejar huellas, rastros, humo. Para los hackers  y los policías encubiertos todos los visitantes tienen categoría de sospechoso. 
  
 Desde que entras, comienza una persecución implacable por parte de los hackers. Lo apercibes. Allí residen los mejores del mundo. Los más despiadados. ¿Quién eres? ¿Qué buscas? ¿De dónde vienes? ¿Qué puedes aportar? Para ellos siempre serás útil en algo.

Lo que más llama la atención en esas aguas profundas es el Black Market (Mercado Negro).  Ahí se negocia de todo. Cocaína pura, videos de mutilaciones, informes  confidenciales, alquiler de expertos sicarios que viajan a cualquier parte para realizar su trabajito, armas, documentación falsa, manuales para explosivos, putas, pornografía infantil, por sólo citar algunos anuncios. Lo que no veden es porque no existe.  

Cada artículo tiene su imagen y una descripción con un lenguaje muy sincero. Por ejemplo, te aclaran si las joyas o las obras de arte fueron robadas, si la niña que deseas ya tuvo experiencias en el sexo, si el asesino que contratas tiene decenas de muertos, y así sucesivamente.

Los negocios se realizan en una moneda digital que fue inventada en 2009. La llaman Bitcoin. Y las transacciones son  prácticamente imposibles de rastrear. Se calcula que existen más de 200 mil sitios en la “internet profunda” o The Onion Router, (TOR) como se conoce en inglés.

Lo irónico es que este proyecto fue inventado e implementado por la Marina de Estados  Unidos para transmitir mensajes secretos. Posteriormente gozó del patrocinio de organizaciones que defienden los derechos digitales. Hoy es un océano de actividades ilegales.

No aconsejo una visita. Yo no repetiré la aventura. La mayoría de las cosas son repugnantes. Miserias humanas. Peligrosísimas  para los jóvenes en etapa de formación. Los padres tienen la obligacion de alertar a sus hijos adolecentes sobre los peligros.
  
Ahora la pregunta que todos nos hacemos: ¿por qué lo permiten?

Los expertos argumentan que:

 — No  hay forma de rastrearlos.  Las “arañas” no pueden llegar. Es imposible localizar dónde se elaboran las páginas. Son invisibles. Etcétera, etcétera.   

Yo, particularmente,  me niego a aceptar estas justificaciones. Considero — y esto lo digo consciente de mis limitaciones — que si los expertos de Microsoft, Google, FBI  e IBM quieren acabar con la “internet profunda”,en menos de 72 horas no queda títere con cabeza. Se tragan hasta las "arañas"

En estos días ha aparecido una noticia interesante al respecto.  La NASA acaba de anunciar que aunaría esfuerzos con la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa (DARPA) para desvelar la parte oculta de la Internet. 

La agencia espacial se dispone a explorar el ciberespacio ayudando a DARPA con su programa Memex, destinado a "acceder y catalogar este misterioso mundo de Internet".

La idea de la NASA pasa por organizar el acceso al contenido del Internet profundo y construir una alternativa para el servicio de búsqueda de Google. Es vital que el famoso  buscador penetre en la información oculta. Esperemos a ver qué pasa. Aunque la suspicacia indica que, tras la “internet profunda”,  pudieran camuflarse raros intereses.

Stieg Larsson es escritor y  periodista sueco. Fue corresponsal de guerra. Él ha dicho lo siguiente:

— ¡Una excelente herramienta para los monstruos es Internet!