"YOYO TROPICUBA"

La Lupe, Yoyo y Tina
“La ternura de todos los surcos
se ha quedado enredada en mis pasos”
Julia Burgos (ALBA)

Caminando una tarde de septiembre por la Calzada de Rancho Boyeros en La Habana recibí una sorpresa que cambió mi vida completamente. Iba sin apuro. Con la guardia baja. Sorteando el  aire que intentaba desordenar mi incipiente melena. Acababa de cumplir diecinueve años.
 Al llegar a un enorme cartel que había sido heroicamente situado en una esquina para defender el socialismo, dos hombres aparecieron de golpe frente a mí como por arte de magia. Uno de ellos me preguntó cómo llegar al aeropuerto.

Su interrogación me resultó rara. No tenían pinta de extranjeros. A simple vista notaba que eran del patio. Sin embargo, no tuve tiempo de escrutar o contestarle. Un  Alfa Romeo estacionó a mi lado, los tipos se aferraron  a mis brazos, uno por cada lado, y en un dos por tres me zambulleron en el auto. En aquel tiempo no pesaba ni cien libras. Era flaco, flaco de verdad.

Dentro del automóvil empecé a reclamar, pero el oficial que viajaba en el asiento delantero me miró fijamente, y en un tono casi conciliador me dijo:

— No te desesperes. Al llegar te explicarán. Ahora mantente en silencio. No hagas difícil la cosa. ¿OK?

Con la misma se despidieron de los "compañeros" que habían ayudado en la operación y partimos como alma que lleva el diablo.

Durante el trayecto no se habló nada más. Ni siquiera entre ellos cruzaron palabras. Sólo cuando llegamos a Villa Marista, centro principal de la Seguridad del Estado, fue que volvieron a dirigirse a mí.

— Baja.

La Seguridad del Estado  es parte del Ministerio del Interior. Fue creada en 1963 y es el equivalente cubano de la Lubianka rusa. Los instructores de la KGB han sido los encargados de trasmitir a los cubanos sus "nobles" experiencias . Están en Cuba desde la época de Khruschev. El método de trabajo está basado en la tortura psicológica, no la física. El G-2, como también se le conoce, prefiere destrozar el espíritu, el alma, las entrañas, sin tocar el cuerpo. Para ellos es un gesto  de bondad.


 Cuando entramos al edificio, dos oficiales que esperaban en el pasillo me ubicaron en un pequeño salón muy opaco. La bombilla creaba en la perspectiva, bastante lúgubre, una deformación del espacio; algo así como islitas de luz.

La agitación que sentí sobrepasa el relato. La sensación era como  estar introducido en uno de esos secreteres de cine  llenos de cuartos con resortes secretos y de compartimientos escondidos que lo hacían poco menos que inextricable. Había escuchado tantos cuentos sobre  Seguridad del Estado, que no pude ordenar mis pensamientos durante la media hora que estuve allí sentado.

Posteriormente me llevaron a una oficina para registrarme oficialmente como reo. Huellas, foto con un número en el pecho y la entrega de un overol amarillo sin mangas que parecía de   un tipo de 8 pies y 300 libras. Cuando me lo  puse me sentí como un pequeño fantasmita.

Al finalizar el procedimiento  dos guardias me acompañaron hasta la nueva morada. Caminamos por un largo pasillo con celdas tapiadas a ambos lados. Parecían neveras de carne.

Nos detuvimos en una. Un guardia sacó un ramillete de llaves y abrió el portón. La levedad de su mirada y una entrecortada sonrisa enviaron un mensaje que entendí perfectamente: — ¡Prepárate!.

En la celda, una bombilla sucia que no daba ni sombra, era toda la iluminación. Su luz quemada lanzaba como cenizas al aire y ahí quedaban; sin subir, ni bajar. Por eso no supe inicialmente si las figuras que estaban dentro eran gentes o piedras.

Luego, cuando me fui adaptando a la escasa visibilidad,  descubrí a dos hombres. Uno de ellos, Eulogio "Yoyo" Reyes Mesías, el primer esposo de "La Lupe" y fundador del trío Tropicuba. 

Mi primera necesidad, tan primigenia como la que obliga a la almeja a incrustarse en la roca, era cuidarme de aquellos desconocidos que podían ser infiltrados y compartían la estrecha celda. Donde sólo una persona podía desplazarse en su interior. ¡Cómo se sufría para llegar al hueco que estaba en la esquina con una llave de agua haciendo las funciones de baño!

No obstante, tanto Yoyo, como el otro compatriota — de apellido Tamargo — se ganaron de inmediato mi confianza y empezamos a intimar.

 Ambos me dieron muchos consejos para los interrogatorios que más tarde tuve que enfrentar. Ellos eran personas ya mayores y tenían sobrada experiencia en el asunto.  

Yoyo Tropicuba, como le decíamos, era un tipo simpático y extrovertido. Hacía cuentos, contaba películas, comentaba sobre su vida personal, entonaba canciones. Y algo que no olvido: con el borde la tabla (cama) y su rodilla, sacaba ritmo. 

Tamargo era un bromista con altura. Recuerdo que el primer día me dijo muy seriamente:

— Si durante los interrogatorios te mandan a sacar la lengua, no lo hagas. Por nada del mundo. Porque la colocarán entre tus dientes, te darán un puñetazo en la quijada y la lengua saltará al suelo culebreando igual que la cola de una iguana. A ellos le gusta ese espectáculo y se lo han hecho a mucha gente.

Pero mi fijación era “La Lupe” apenas supe que Yoyo había estado con ella. Le hicía preguntas y más preguntas; y él, a su forma, las contestaba todas. Yo conocía los éxitos de la cantante  gracias a un compañero que luego formó parte  de mi causa. Él  tenía el padre en New York y lo mantenía informado. 

“La Lupe”, Tina y Yoyo habían fundado el famoso trío Tropicuba y por mucho tiempo descargaron en La Red, un centro nocturno habanero. Yoyo estaba casado con “La Lupe” aunque el matrimonio no pudo superar los grandes encontronazos.  

Con relación a la separación he visto varias distorsiones, que no pienso definir. Sólo me gustaría puntualizar que quien conoció el estilo y la forma de expresarse de Yoyo, sabe que muchos comentarios que le atribuyen no se corresponden. Como por ejemplo: — Lárgate si quieres, tú sin mí no serás nada.

A Yoyo le gustaba hablar pero sin decir todo lo que pensaba, reservándose silencios cargados de sombrías emociones. Tamargo me decía que a veces era necesario adivinarle. 

En una pincelada breve pudiera resumir su vida en sueños, promesas, intentos,  música, errores de cálculo, frustración. Él había caído por una Salida Ilegal del País.

 Con estos dos amigos sólo pasé 72 horas. El resto del tiempo me tocó solo en una celda más pequeña, pero que aún no llegaba a la categoría de gaveta.

 El oficial interrogador que me atendía firmaba como Edilberto Escobar. Tal vez  su nombre de guerra. Tenía los grados de capitán y siempre estaba rodeado de dos sub oficiales que nunca abrían la boca. Me confinó a la soledad más absoluta y arreció los interrogatorios cuando en su morboso empeño de provocar falsas confesiones no pudo conseguirlas.  

Para no perder el orden del calendario, todos los días, cada vez que me servían el desayuno, hacía una marquita con la cuchara en la pared. Tenía una gran ventaja para despertarme: un estomago que trabaja en falso amanece temprano. 

Me sorprendió descubrir en una esquinita, casi llegando al piso, un verdadero registro histórico. Cripticas iniciales y palabras, e incluso frases como gritos de desafíos.

Cuatro años más tarde logré fugarme de una prisión en Camagüey y cuando me atrapan,  dos meses después, Seguridad del Estado  me retuvo  48 horas antes de mandarme  para la Cárcel  de Morón.  

Allí volví a tropezarme con el siniestro capitán Edilberto. Me dijo:

—  Pasaba por casualidad por aquí y quise saludarte. Yo te hacía en Miami.

 El cinismo lo desbordaba. Él era una humilde sombra de la cotidiana y áspera realidad de la Seguridad del Estado en Cuba. No obstante,  ya no dudo que hasta pueda vivir felizmente en Florida como tantos otros esbirros. Hasta es posible que dicte cátedra de libertad en la televisión de Miami. Así están las cosas por este mundo.

Finalizo diciendo  que soy un gran admirador de "La Lupe". Lo he escrito antes. Es más, creo que a Cuba le será difícil parir otra como ella. Pero también digo que con Yoyo se han exagerado los comentarios. Me consta que era un gran tipo. Sobre todo, anticomunista hasta los huesos. Y eso para mí tiene mucho valor. Yoyo murió por acá. En New Jersey. 

Dejo con el post una canción que para mí es la más emblemática de “La Lupe” en su relación con Yoyo. Teniendo en cuenta algunos comentarios hechos por ella en New York. La letra y la música son del gran Tite Curet. Aunque  no sé si el mensaje obedece a un pedido de la Yiyiyi o a una iniciativa del compositor.