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POEMA EN BLANCO



Estoy haciendo un verso que no tiene memoria.
Como la gris cascada que olvidó el movimiento.
Pensando que la brisa lo cubriría de gloria
cuando la primavera regrese con el viento.

Un verso que se burla de los cinco sentidos
y no deja la forma que el poema se abra.
Desestima los sueños que yacen escondidos
y se inventa el recurso de esconder la palabra.

Verso que llega al punto en que no dice nada.
Dejando espacios blancos de cortos recorridos.
El lector más osado buscará una coartada
y el otro más prudente pensará que es olvido.

Y así se irá leyendo como el que lee en vano.
Los renglones de anime que no sé por qué escribo.
Sin embargo tu nombre se escapará en el plano
de los insustanciales de cualquier sustantivo.

CEMENTERIOS DE NAVES



Cementerio de naves que en la orilla
de la difunta costa hace ilusiones.
Hay quejas que se van. Tablas heridas.
Es la muerte un crujir de caracoles.

Recalan laceradas por el frío.
Enfrentan el salitre. Embarcadero
de vetusta soledad. En las arenas
del perdido peñón de los olvidos.

Enfermedad de azules ondulados
con el beso terrible de los males.
Hospital de naufragios que derrama
espadas silenciosas de corales.

Un pedazo de vela me saluda.
El llanto es de metal. Ola enemiga.
El grito de la sal sin ecuaciones.
Ficticio cachemir que nada abriga.

Han de morir allí. Luto de luna.
Quietud que se disuelve en lo perverso.
Nostalgia transeúnte que susurra
la nota lastimera de los sueños.


F.M.

LA FIGURA



Sigilo de la sombra desvalida.
Crujiente pensamiento que domina.
Soñoliento esplendor de la partida.
Que a la noche en apuros ilumina.

Ventura del asombro que reparte,
el juego de miradas incoloras.
Me voy con la avidez que se comparte,
con el árbol exacto de la aurora.

Adiós con el azul de los veranos
o la nieve que asuma la figura.
Exigente abstracción, ven de la mano.

Huellas deja la sombra, de amargura.
Del estío en follaje, que en el plano
ascendente, de mi vida: madura.

EL AMOR DE LA MUERTE



Esperaba la voz en calles flacas.
Colgada está del árbol desprovisto.
Un viento de difuntos que no cala
en muros que van mordiendo el piso.

Con la elástica piel del atrapado
y las manos furtivas del refugio.
Ella yace feliz. Escarabajos
de la argéntea pared del hipnotismo.

Gotas de mineral de las alturas
en donde la maldad pierde su presa.
Es el último roll de las espumas
en la mirada de la lluvia esbelta.

Nada se cambiará del verde tallo.
Túnica vegetal de los excesos.
Grieta seca de "saudade". Ancha.
Borboteo final entre esqueletos.

Es amor entre cálculos abstractos.
Olorosos caminos de la nada.
Todos están ahí, bajo los hierros.
La muerte está feliz sobre la cama.

DESEO



 

Aquel deseo precipita oculto.
Va por mi carne atónita y sombría.
Se esconde de los ruidos del tumulto.
Inextinguible. Absurdo. Impío.

Es un deseo de impericias vanas.
Inclinación de un péndulo roído.
Involuntario impulso de las ganas,
desde el cénit del pecho. Confundido.

Indomable, sincero y tan pequeño.
Que retorna, condensa y me desnuda.
Secreto vendaval que no diseño,

por ser inexpugnable su armadura.
Ondulante pecado que en tu ceño,
se vuelve una profunda quemadura.

Habana



Habana del embrujo con sombras y esperanzas.
Palabras prohibidas, gargantas con gargantas.

Atiborrados ojos que huyen del siniestro,
en su balsa de estaño y cultura de muerto.

Asépticos semblantes, montones de figuras.
Un cielo visceral, cicatrices desnudas.

Allí donde tú existes hay fibras en la sed.
Geometrías de un ocre que no nos deja ver,

a los absurdos ecos de voces intangibles,
entre las manchas planas con ladrillos de crimen.

Cantares que uno a uno entregan a mi idilio,
décimas de palmeras que guardan los olvidos.

Y la nube obstinada que la distancia mata,
me llega con la brisa de una antigua balada.

Simulacros de versos, que alistan en el Prado
montones de recursos y alejandrinos claros.

Y mientras se insumisa la faz del espejismo,
los exactos teoremas quieren soñar contigo.

En el golfo bohemio de estíos irreales,
donde las caracolas nos cuentan el combate

que redime las ansias del hijo que está lejos.
Pues se le va la vida en garfios de otro cielo.

ESTAS COSAS QUE DIGO


Estas cosas que digo carecen de importancia.
La lluvia de esta tarde tiene los ojos grises

y juegan en el agua figuras de gorriones.
El cielo está bajando entre las gotas frías.

Estas cosas que digo carecen de sustancia.
Yo no sé si la tarde entiende mis palabras

cuando las gotas chocan en mi triste ventana.
Tú no estás en la lluvia. Ya ves ¿quién lo diría?

Estas cosas que digo carecen de elegancia.
Tus ojos se escaparon con el mismo recuerdo.

La tarde está llorando en un rincón de enero
y las lágrimas tienen un beso transparente.

Estas cosas que digo asumen la distancia
y un pedazo de cielo viene con el recuerdo.

El llanto de la tarde concreta la agonía,
de la humedad inscrita en un montón de besos.

ELEGÍA PARA ESTE ADIÓS



Te borrarás mil veces mi nombre de tus sueños.
Y mil veces de nuevo volverá a aparecer.
Por esas cosas raras que ha programado el cielo
y no sé cuántos Dioses en un mismo papel.

Seré como una sombra que al parecer se ha ido.
Pero es sólo falacia de tanta claridad.
Porque sigo en el aire de azules prohibidos
y al llegar la penumbra me vuelvo a reflejar.

Seguiré en el poema que te escribí en invierno.
Cuando en la fina escarcha me tropecé una flor.
Y me escondí en la letra que rechazó el acento,
y te di el estribillo de mi mejor canción.

Cambiarás los recuerdos que habitan en tu mente
y pensarás que el tiempo te impedirá volver.
Sin saber que hay nevadas que cubren los cipreses,
y que a pesar del frío pueden reverdecer.

Este adiós es tan solo, un link de fantasía.
Una estatua borrosa en medio de la fuente.
Que incluso siendo virgen conserva las heridas,
de las viejas monedas que le tiró la gente.

Es una despedida del barco sin bandera,
que ha navegado a oscuras, para intentar huir.
Llevando un pentagrama de amor en la propela,
que grita que lo nuestro puede sobrevivir.

Este adiós es espuma que juega con la ola.
Porque tarde o temprano regresará a su mar.
Es como la muñeca que si la aprietas llora,
para engañar a niños que la creen de verdad.

Es un adiós de cuento, de fábula otoñal.
De historia predecible que le sabes el fin.
Es como ver gaviotas que pasan y al pasar,
fingen que se irán lejos queriendo confundir.

Seré un poco de aquello que se perdió en el eco.
Lágrima. Pensamiento. Amor. Desilusión.
Pero se ve el regreso dibujado en el viento,
porque ya estaba escrito el sino de los dos.

Todo estará en su sitio para cuando aparezcas.
Con esos ojos grandes bañados en café.
Yo simplemente espero, contando las estrellas,
por si sobrara alguna, colocarla en tus pies.

HIJO DEL PROGRESO



Iba cambiando el curso de los días,
tan sólo con mirar al calendario.
Potencia medieval que heredaría
de un bisabuelo errante y solitario.

A veces sonreía con donaire,
mostrando su canino de marfil.
Flotando con las nubes que en el aire,
jugaban con la sombra de un fusil.

Su rostro era un panel de arena y yeso,
dibujado con flores y banderas.
Un libro de Platón junto a su rezo.
Y en las manos un mes de primavera.

Dio una prueba de amor muy tierna y bella.
Entregándole al mar cientos de rosas.
Para ver si en el agua alguna estrella,
reflejaba un rumor de mariposas.

Sin conocer a Bécquer todavía,
escribió en la montaña su poema.
Narrado con la faz de una sangría,
que guardaba los versos en botella.


Describió con soltura milenaria,
el alma de los hombres inmortales.
Que llevaban la luz contestataria,
a las aguas de grises manantiales.


Un día lo llenaron de letreros,
con signos de Escorpión y Sagitario.
Se fue perdiendo solo en otro cielo,
igual que el bisabuelo solitario.


Su rostro era un panel de arena y yeso,
dibujado con flores y banderas.
Si es que lo ven pasar con el progreso,
devuélvanle su mes de primavera.